Como pasé mi Erasmus en Andalucía, más bien en Córdoba, me acostumbré
al habla de la gente proveniente de esa zona. Por lo tanto, suelo pronunciar
muchas palabras con una fricativa alveolar [s] en vez de una fricativa
interdental [θ].
Este fenómeno se denomina ‘seseo‘ y es muy común tanto en Latinoamérica, como
en partes de la península íberica. Decidí ocuparme un poco más de este tema
para tener presentes las normas de la lengua culta.
Al principio de mi investigación consulté el diccionario
panhispánico de dudas y la página web de fundeu. En los siguientes párafos voy
a resumir estas informaciónes:
El seseo consiste en pronunciar las consonantes ‘c’/’z’ ante las
vocales ‘e’/’i’ con una fricativa alveolar [s] aunque las normas del español
implican el empleo de la fricativa interdental: [θ]. Por consiguiente,
una persona seseante diría [serésa] por ‘cereza’, [siérto] por ‘cierto’y
[sapáto] por ‘zapato’. Este fenómeno dialectal se aplica sobre todo en
Latinoamérica, en las Canarias y en gran parte de Andalucía. Es menos
frecuente, pero existente en las clases populares de Valencia, Cataluña,
Mallorca el País Vasco y en algunas zonas rurales de Galicia. Mientras que el
seseo meridional (en Andalucía, las Canarias y en Hispanoamérica) es totalmente
aceptado en la norma culta.
A continuación, encontré en la red unos materiales interesantes sobre
la historia de la lengua española, mejor dicho, sobre el desarollo de los
fricativos en castellano. Os dejo el enlace de una página web que me parece muy
útil:
http://hispanoteca.eu/gram%C3%A1ticas/Gram%C3%A1tica%20espa%C3%B1ola/Ceceo-Seseo.htm
El siguiente esquema ilustra muy bien el desarollo de los sibilantes en las diferentes variedades del español:
En la Edad Media el castellano disponía de seis fonemas de consonantes
fricativas y africadas (sibilantes): el africado dental sordo /ts/ su
equivalente sonoro /dz/, la fricativa alveolar sordo /s/ y la fricativa
alveolar sonoro /z/, asimismo como la fricativa prepalatal sordo /ʃ/ y la forma
sonora /Ʒ/. A lo largo de los siglos hubo una serie de cambios que influyeron
el sistema medieval. En el siglo XVI las africadas /ts/ y /dz/ sufrieron un
debilitamiento y se convirtieron en fricativas. Luego en una segunda étapa los
tres fonemas sonoros se ensordecieron, fusionando con sus equivalentes sordos.
Las tres consonantes restantes no se diferan mucho fonéticamente, ya que son
producidos en régiones adyacentes (dento-alveolar, alveolar y prepalatal). Por
lo tanto, las consonantes marginales cambiaron de sitio de articulación de tal
manera que cada una se considere como un fonema propio. Así, el consonante
dento-alveolar [ts] se convierta en interdental [θ], y la sibilante
palatal [ʃ] o [ç] se transformó en fricativa velar [x], perdiendo su
sibilancia. Las dos sibilantes ([θ] y [s] ) que quedaron, ocuparon
contextos diferentes. La interdental [θ] se emplea con las grafías ‘ce’ ‘ci’
‘za’ ‘zo’ ‘zu’ mientras que la fricativa alveolar [s] ocupa todos los contexto
de la letra ‘s’.
Hay que subrayar que el castellano, que más tarde se convirtió en
lengua estándar, no sufrió la misma serie de cambios que las variedades del
sur. Se presupone que en gran partes de Andalucía no existía una consonante
alveolar durante la Edad Media, sino, debido a la influencia de los árabes y
mozárabes, las dentales [ş] y [ý]. La reducción de las africadas dentales /ts/
y /dz/ provocó probablemente una confusión inmediata con las dentales [ş] y [ý]
del habla andaluza. De ahí que confluyeran antes del ensordimiento de los
fricativas sonoros y de ese modo, en Andalucía quedó solamente un fonema.
Dependiendo de la región era o la fricativa alveodental /s/ (en las regiones
seseantes), o la interdental /θ/ (en las regiones del ceceo).
¿Comó era posible que el seseo atraversó el atlántico? Esta pregunta
resulta fácil de resolver: entre los colonizadores predominan los andaluces que
transportaron sus normas lingüísticas al Nuevo Mundo.
Tiempo empleado: 3h

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